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Imaginacion y Conocimiento

Estaba en la estación ferroviaria de Príncipe Pío, en Madrid, sentado en una terraza tomando un café, con mi libreta en la mano esperando la inspiración para desarrollar el texto del mes. Tenía el síndrome del “folio en blanco”, o lo que es lo mismo, un bloqueo mental que me impedía desarrollar ideas. Tomé un sorbo de café y al levantar la vista ví en la esquina del local una antigua cabina telefónica a modo de adorno, lo que hizo que de repente mi mente se despertara y me surgió una idea: relacioné dicha cabina, como elemento antiguo que era, con la amistad duradera de compañeros de fatiga de mi adolescencia. Mi cerebro comenzó a actuar vertiginosamente y las ideas se amontonaban causándome una gran ansiedad, pues no me daba tiempo a escribir todo lo que mi mente vomitaba.
Tomé de nuevo un sorbo de café. Respiré hondo intentando relajar mi stress y comencé a ordenar mis ideas. Se trataba de filosofar sobre la amistad y las relaciones de pareja; así que comencé con una pregunta sencilla: ¿ qué es la amistad?. Me he relacionado a lo largo de mi vida con mucha gente, pero no todos se han convertido en amigos. Cuando conocemos a una persona valoramos sus virtudes y sus defectos. Al principio de la relación, los primeros generalmente los anteponemos a los segundos y si su carácter (la suma de los dos) es compatible con nosotros, entonces pasa a convertirse en amigo. Con el tiempo, si esa relación se va consolidando y cada vez es más compatible pasan a ser amigos de verdad incorporándolos a la categoría de amigos íntimos. Puede ocurrir que los defectos superen a las virtudes, en cuyo caso pasarían al grupo de personas tóxicas. También puede ocurrir que con el tiempo la convivencia, que aumenta la confianza, puede hacer que empiecen a manifestarse más los defectos que las virtudes, lo que puede hacer cambiar nuestra relación y esto es lo que a veces suele pasar en las relaciones amorosas de pareja.
Parece que el texto iba tomando forma, pues la inspiración llegó de golpe, que es lo que suele pasar cuando nos decidimos a escribir atraídos por un objeto. Como decía Albert Einstein: “ La imaginación es más importante que el conocimiento” y yo estaba reflejando mi conocimiento a través de la imaginación.
Después de otro sorbo de café retomé de nuevo mi texto, pero esta vez, para centrarme en una relación de amistad más profunda como es la relación de pareja. No pude por menos que centrarme en la mía y es que la diferencia entre la relación de amistad y la de pareja existe un parámetro diferenciador: el amor. Lo primero que nos llama la atención (no nos vamos a engañar) es el aspecto físico de nuestra posible pareja, siendo el psíquico el que poco a poco nos va atrayendo hacia esa persona.
El impulso que nos provoca el sentimiento amoroso hace que nos centremos esencialmente en las virtudes más que en los defectos de la persona, lo que nos lleva desde el principio, a una relación placentera. Pero el tiempo pasa y con él nuestra vida social y laboral, lo que interfiere en nuestra relación de pareja haciendo que ésta se vea afectada si no prestamos atención para cuidarla día a día. Como consecuencia de todo esto, los defectos pueden empezar a manifestarse, por parte de los dos, más que las virtudes y entonces la relación puede volverse tóxica. Los hijos son la causa de aguantar esa relación negativa hasta que se independizan encontrándose el matrimonio de nuevo cara a cara, pues hoy en día esa situación coincide con la jubilación y se plantea el escenario de tener que convivir 24 horas al día con esa relación ya destruida. Por ello, muchos matrimonios se divorcian a esta edad. Es el momento en que ellos, con los amigos comentan que todas las mujeres son iguales y ellas con sus amigas que todos los hombres son iguales. Y en realidad, algo de razón hay en este juicio. Es importante tener esta reflexión presente, para mentalizarnos de que en esa situación, lo mejor es volver al principio y volver a conquistarnos mutuamente como si fuéramos los adolescentes que fuimos.
Terminé el café levantándome muy satisfecho y cuando giré la cabeza para ver la antigua cabina telefónica, me sorprendió percibir a una persona con el auricular en la mano escuchando una conversación.
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Igruher
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