Polvo Enamorado
En el cementerio viejo, a través del muro roto,
Divisé el lugar donde de luz un rayo caía,
Que entre las negras nubes se colaba.
El lugar era un reflejo de abandono
Y aunque la tormenta se cernía
Por el roto entré, porque algo me llamaba.
La hiedra clavaba sus uñas en los poros
De las piedras que hermosas fueron un día
Y las hierbas y espinos todo lo llenaban.
Al final de un pasillo de nichos rotos
Dos lápidas la luz recibían,
Como si un celestial foco las iluminara.
Con reverencia en sus epitafios clavé mis ojos.
La primera, diez años más antigua, así decía:
Te espero, la muerte no borrará lo que en vida te amaba.
A su lado la otra decía con expectante tono:
Perdona la tardanza, voy a ti amada mía.
La tormenta a lo lejos tronaba.
Tras las tumbas dirigí mis ojos
Para ver dos cipreses que juntos crecían
Y contra natura sus copas entrelazaban.
De humedad se llenó mi rostro,
Aunque aún no llovía.
Un relámpago el cielo iluminaba.
A su luz recordé con asombro
Palabras que Quevedo escribía
Y sin ser consciente mis labios recitaban:
Su cuerpo dejará no su cuidado;
Serán ceniza, más tendrá sentido;
Polvo serán, más polvo enamorado.
Divisé el lugar donde de luz un rayo caía,
Que entre las negras nubes se colaba.
El lugar era un reflejo de abandono
Y aunque la tormenta se cernía
Por el roto entré, porque algo me llamaba.
La hiedra clavaba sus uñas en los poros
De las piedras que hermosas fueron un día
Y las hierbas y espinos todo lo llenaban.
Al final de un pasillo de nichos rotos
Dos lápidas la luz recibían,
Como si un celestial foco las iluminara.
Con reverencia en sus epitafios clavé mis ojos.
La primera, diez años más antigua, así decía:
Te espero, la muerte no borrará lo que en vida te amaba.
A su lado la otra decía con expectante tono:
Perdona la tardanza, voy a ti amada mía.
La tormenta a lo lejos tronaba.
Tras las tumbas dirigí mis ojos
Para ver dos cipreses que juntos crecían
Y contra natura sus copas entrelazaban.
De humedad se llenó mi rostro,
Aunque aún no llovía.
Un relámpago el cielo iluminaba.
A su luz recordé con asombro
Palabras que Quevedo escribía
Y sin ser consciente mis labios recitaban:
Su cuerpo dejará no su cuidado;
Serán ceniza, más tendrá sentido;
Polvo serán, más polvo enamorado.
10 comentarios
Beth
22/12/2010 · 20:51
¿Sabes lo que me ha recordado? Un romance que mi abuela me cantaba de pequeña: el romance del conde Olinos. Gracias
Codigocero
23/12/2010 · 03:31
EL AMOR EXISTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE POR QUE VIVE EN CADA LEYENDA.......... EXCELENTE......ME GUSTÓ MUCHO..... ESOS SON LOS AMORES QUE VALE LA PENA LEER....... PUES EL AMOR VENCE HASTA LA MUERTE" SALUDOS
Zien
24/12/2010 · 19:05
Hermoso texto Jucatohi, hiciste que mi mente viajara doscientos años al pasado, al pasado romántico de Byron. Un abrazo.
Pd: Me hubiera encantado haber leído este texto en prosa.
Danae
27/12/2010 · 20:05
Ese regusto gótico que ha dejado tu poema me ha encantado, Jucatohi. Muerte y amor hermanados, que hasta en el polvo van de la mano. Me pirra ese romanticismo esenciado ...
Un abrazo inmenso para ti.
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Carlos:
"Para ver dos cipreses que juntos crecían
Y contra natura sus copas entrelazaban".
Amigo es la historia de un amor eterno la que has plasmado en tu escrito.
Un gusto leerte.
Sergio.