"va Saliendo".
Una amplia muestra de inodoros, duchas y lavabos ocupaban la tienda muestrario: Bricor, del Centro Comercial Marineda de A Coruña.
Azorada y nerviosa la dependienta nos atendió, hasta que su malestar la desbordó. Y rompió a llorar. "¿Qué haremos?", se preguntó
"¿Le puedo ayudar en algo?, le pregunté a la jóven.
"La situación es muy violenta. Pero se lo voy a contar porque necesito ayuda.
"El señor López, directivo de esta empresa, se ha bajado los pantalones y está haciendo uso de uno de nuestros wateres", enunció.
"Mírelo, allí está, leyendo el marca y defecando", destacó.
"Si me lo permite voy a hablar con él...", afirmé.
"Buenas tardes señor López. Tengo entendido que está usted pasando por un momento difícil. ¿Le puedo ayudar?", pregunté.
"Si ciertamente es terrible, el Celta así nunca subirá a primera. Es indignante", dijo al tiempo que expelía una ventosidad sonora.
"Comprenderá usted -señalé- que no se puede hacer uso de los inodoros a la venta. Los empleados están muy incómodos".
"Súbase los pantalones y salga inmediatamente de aquí", le dije.
"¿Quién es usted para llamarme la atención?", dijo. "¿Acaso no sabe que soy directivo y accionista de esta empresa", señaló.
Y así seguimos hablando por espacio de unos veinte minutos, al cabo de los cuales yo también me bajé los pantalones y me senté en el inodoro al lado del suyo.
En ese momento unos chavales pasaron por delante de nosotros. Y muertos de risa le preguntaron al señor López: "¿Qué, sale?". "Va saliendo", contestó al señor López.
Azorada y nerviosa la dependienta nos atendió, hasta que su malestar la desbordó. Y rompió a llorar. "¿Qué haremos?", se preguntó
"¿Le puedo ayudar en algo?, le pregunté a la jóven.
"La situación es muy violenta. Pero se lo voy a contar porque necesito ayuda.
"El señor López, directivo de esta empresa, se ha bajado los pantalones y está haciendo uso de uno de nuestros wateres", enunció.
"Mírelo, allí está, leyendo el marca y defecando", destacó.
"Si me lo permite voy a hablar con él...", afirmé.
"Buenas tardes señor López. Tengo entendido que está usted pasando por un momento difícil. ¿Le puedo ayudar?", pregunté.
"Si ciertamente es terrible, el Celta así nunca subirá a primera. Es indignante", dijo al tiempo que expelía una ventosidad sonora.
"Comprenderá usted -señalé- que no se puede hacer uso de los inodoros a la venta. Los empleados están muy incómodos".
"Súbase los pantalones y salga inmediatamente de aquí", le dije.
"¿Quién es usted para llamarme la atención?", dijo. "¿Acaso no sabe que soy directivo y accionista de esta empresa", señaló.
Y así seguimos hablando por espacio de unos veinte minutos, al cabo de los cuales yo también me bajé los pantalones y me senté en el inodoro al lado del suyo.
En ese momento unos chavales pasaron por delante de nosotros. Y muertos de risa le preguntaron al señor López: "¿Qué, sale?". "Va saliendo", contestó al señor López.
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5 comentarios
Norma
29/09/2015 · 02:44
buenosimo, no lo quiero imaginar, es muy ocurrente.
sAludos
Apurimak
05/10/2015 · 17:40
Esta genial!!Hay espacio pata uno más??
Sandor
06/10/2015 · 12:58
me he imaginado la escena. Eres genial y acudo siempre a releerte para reirme un rato.
Un abrazo
CARLOS
Sandor
06/10/2015 · 12:58
me he imaginado la escena. Eres genial y acudo siempre a releerte para reirme un rato.
Un abrazo
CARLOS
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Estas como una puñetes cabra.
Genial !!!
Genial