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Los Ojos de la Princesa En la Oscuridad

Tengo miedo. En toda esta oscuridad no hay en quien pueda confiar. Todos los rostros que se reflejan en esta antigua puerta lloran con sus bocas embarradas de lápiz labial rojo. Para que me entiendas, llevo 30 años viviendo solo en esta casa. Paso gran parte del día sentado en este rincón, frente a la puerta. Ya no soporto esta enfermedad de mierda, ya no la soporto. Salir a la calle es terrible. A los catorce años comencé a ver a la gente de manera diferente: cuando miro sus rostros puedo ver la forma en que morirán.
Es horrible. Primero intenté ir al hospital donde hablé con un psicólogo. El sujeto que se enfureció después de que le expliqué que podía ver el cómo moriría la gente, con solo ver su rostro, y le explique cómo sería su muerte: Él moriría linchado por una turba de personas después de que se descubriese la red de pedofilia que tenía. Él se levantó enojado y me grito: ¡Vete de aquí, enfermo!
Yo solo me levanté y me retiré. Eso fue a los 16 o 17 años. Cuando le conté esto a mis amigos y les dicté su muerte, decidieron no hablarme nunca más. Ahora los comprendo.
Conocí a una mujer en el camino entre los 21 o 22 años, era preciosa, pero al mirarla, en su muerte no aparecía nada, solo una puerta blanca y un reloj que solo marcaban las seis. No le conté nada, para que no me encontrara raro y seguí adelante para conocerla. Pasaron más de ocho meses y ya éramos novios, cada 24 horas volvía a ver la puerta blanca con el reloj a la seis. Lo hermoso era que cuando estaba junto a ella no veía muerte, solos puertas con relojes a diferentes horas. Era más aceptable que verlos morir y al pasar de los años, ya no veía nada al mirar sus rostros, me había vuelto una persona común y feliz junto a mi amada.
Pasaron más de 10 años ya vivíamos juntos, fueron años donde conocí la felicidad más honesta del mundo. Hasta que llegó ese día, ese puto domingo por la mañana. La luz del sol entraba cuidadosamente entre las persianas hasta llenar el cuarto. Yo abracé a mi mujer y quise besarle la frente, pero mientras me acercaba, pude ver su muerte. Me vi a mí matándola con mis propias manos alrededor del cuello. Me corrieron lagrimas tan frías que pude sentirlas hasta mi cuello. Me levante prendí un cigarro en el baño, y solo tenía en mi mente las imágenes de mis manos matando a la mujer que me había sanado.
Pero pensé que no era posible, que yo soy capaz de cambiar el destino y esta enfermedad no me podía vencer. Comencé a pensar que tal vez siempre fueron mentiras todas esas visiones que tuve.
Fui a ver a mi mujer ella estaba sentada con una mirada fija hacía la pared, la saliva le caía de su boca como pequeñas hilachas, corrí donde ella y la agite mientras le gritaba, ella solo pestañaba y de una su boca se escuchaba un murmullo muy bajo y a medida pasaban los segundos se incrementaba el tono de voz, hasta que claramente se escucha
–Me vas a matar, con tus manos me vas a matar.
Yo sorprendido me puse a llorar. De inmediato me miro con un rostro deforme y dijo con una voz suave:
–Hazlo amor, es la única forma de ser sanado
Al momento de mirarla, me pude ver de nuevo, estrangulándola con mis manos, cuando de pronto me percaté de que no estaba viendo una visión, era la realidad. Había dado muerte a la mujer a mi vida, a mi sanadora. Llorando me tiré al rincón mientras veía el cuerpo muerto, me quedé dormido después de sentir una extraña sensación en el corazón.
Desperté tarde, el reloj marcaban las seis y el cuerpo de mi mujer seguía tendido como si nada. Me levanté a recogerla y debajo de la almohada había una nota con huellas con sangre. Estaba escrita la letra de mi mujer y decía:
Tengo miedo. En toda esta oscuridad no hay en quien pueda confiar. Todos los rostros que se reflejan en esta antigua puerta lloran con sus bocas embarradas de lápiz labial rojo. Para que me entiendas, llevo 30 años acá en mi hogar viviendo solo. Paso gran parte del día sentado en este rincón, frente a esta puerta. Ya no soporto esta enfermedad de mierda, ya no la soporto. Salir a la calle es terrible. A los catorce años comencé a ver a la gente diferente. Cuando miro sus rostros puedo ver la forma en que morirán.
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Lezkizofrenia
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cansada

1 comentario

Superandoloimposible 18/04/2014 · 12:23

Sin palabras :)) esta genial