CapÍtulo 4.
De camino a su casa, Carla sacó sus cascos y los conectó a su Ipod, cosa habitual para evadirse del mundo. Pero esta vez no servía, no podía parar de pensar que había sido su primera vez, junto al amor de su vida.
Al llegar a su casa solo pudo tumbarse en la cama, y pensar en todo lo sucedido con Alex. No pudo evitar llorar, pero no sabía si era de miedo a aferrarse a él o de felicidad.
Justo antes de irse a dormir, y después de no haber vuelto a hablar con Alex en todo el día Carla decidió mandarle un mensaje. Alex no tardó en contestar y estuvieron hablando de quedar al día siguiente, pero ahora sería Alex quien iría a casa de Carla.
Día siguiente, 14:00.
Carla llevaba desde las 11 de la mañana despierta, estaba preparando su casa donde no habría nadie en todo el día y por lo que le había invitado para almorzar.
Carla miró el reloj, 14:20, Alex no tardaría más de diez minutos en llegar.
Fue corriendo a su habitación, se miró en el espejo, llevaba un vestido celeste, con unas sandalias blancas, y estaba preciosa.
Sonó el timbre de la puerta, y Carla era un manojo de sentimientos.
Se decidió a abrir la puerta y lo vio, su sonrisa, esos ojos en los que se perdía.
En ese momento se dio cuenta, ahora estaba mucho más enamorada que antes.
Al llegar a su casa solo pudo tumbarse en la cama, y pensar en todo lo sucedido con Alex. No pudo evitar llorar, pero no sabía si era de miedo a aferrarse a él o de felicidad.
Justo antes de irse a dormir, y después de no haber vuelto a hablar con Alex en todo el día Carla decidió mandarle un mensaje. Alex no tardó en contestar y estuvieron hablando de quedar al día siguiente, pero ahora sería Alex quien iría a casa de Carla.
Día siguiente, 14:00.
Carla llevaba desde las 11 de la mañana despierta, estaba preparando su casa donde no habría nadie en todo el día y por lo que le había invitado para almorzar.
Carla miró el reloj, 14:20, Alex no tardaría más de diez minutos en llegar.
Fue corriendo a su habitación, se miró en el espejo, llevaba un vestido celeste, con unas sandalias blancas, y estaba preciosa.
Sonó el timbre de la puerta, y Carla era un manojo de sentimientos.
Se decidió a abrir la puerta y lo vio, su sonrisa, esos ojos en los que se perdía.
En ese momento se dio cuenta, ahora estaba mucho más enamorada que antes.
2 comentarios
Ingresá para dejar un comentario.
Oh que romantico!!, que dulce, un buen texto para irse a dormir feliz,saludos y gracias por avisarme por tu nuevo cap, seguiré esta historia, cuidate