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No es un Pelacaras es un Profe 01 de julio de 2024
por mcluna
NO ES UN PELACARAS ES UN PROFE
Jacoba salió corriendo a buscar los brujos para informarles de que el pelacaras había abierto los ojos. Y mientras volaba por el sendero iba gritando: - Despertó. Despertó.
La comunidad entera salió de sus casas y fueron raudos y atropellados hacia la choza comunal. La curiosidad los mataba: ¿Quién o qué era? ¿Cómo se llamaba? ¿De dónde venía? ¿Que conocía? ¿Sabía cantar?
Al poco rato el inmenso cuarto se llenó de gente. Sacaron las tiendas, se tendieron hamacas y empezó a correr el masato. Y empezó la fiesta (en el Perú todo motivo es fiesta)
Llegaron los músicos, y los brujos, tribus y poblaciones enteras vadearon orillas, surcaron ríos, y se abrieron paso entre la tupida maraña de vegetación con sus machetes y rio arriba, rio abajo y para llegar a Huamán Urco.
Todos querían verlo y saber que era él. Como se pensaba que era un Pelacaras y nunca habían visto uno en vivo para convencerse de que existía subían para palmearlo, tocarlo y verlo en la flesh.
La manera en que hablaba les producía risas y tremendas carcajadas. Hasta el verlo comer era un vacilón. Era más entretenido que mirar televisión- de cual habían escuchado hablar pero nunca visto.
Jacoba anonadada lo miraba de lejos sin acercársele. Tan solo lo veía absorta y curiosa sonreía tímida cuando sus ojos se posaban en ella. Quiso acercársele pero sentía vergüenza el profe mientras hablaba con los comuneros no podía quitarle la mirada.
Callados hablaban en silencio y se sintieron uno solo aun sin conocerse. Trato de llamarla pero no sabía su nombre la miraba embobado y la tenía fija con todos los sentidos de su ser.
Cuando la urgencia de su presencia era tal quiso pararse y acercarse a ella pero no pudo. Otra vez quiso llamarla pero como no sabía su nombre y estaba a punto de gritar cualquier cosa de llamar su atención. Vio que se retiraba a un rincón, y escondió sus ojos tras la pona.
En la choza comunal se hizo un silencio tan denso que se podía cortar con un cuchillo era un silencio tan respetuoso y solemne que no se podía escuchar un alfiler caer, cuando entraron los siete brujos y todos se retiraron del cuarto.
Cuando entraron los siete brujos – Doña Hilaria incluida- cada uno de ellos lo saludo con un:
- Buenos días pelacaras.
Contestó por era lo que se esperaba de él pero poco a poco le comenzó a llegar al pincho y cuando el último de la mancha lo hubo saludado el profe se sintió aludido y resentido respondió:
- Yo no soy un pelacaras. Yo soy de Miraflores.

Los brujos se miraron entre sí sin hablar asintieron todos y mandaron a que averigüen en Miraflores si era verdad lo que el pelacaras decía.
- Que pué nadie lo conoce. Nos está mintiendo.
- Miraflores Lima.- respondió airado el profe.
Corrieron a interrogar a la planta y ella dijo que no lo conocía ni de agua de tiempo. Que: ¿que se creía? ¿Qué podía tomar su nombre en vano? ¿Que quien era él? ¿Que donde se escondía? Se enojó tanto que se puso agria pero siguió rabiando hasta reventar.
- Mentiroso. Le preguntamos y de tanto renegar ha reventado por su culpa.
- ¿Quién? ¿Qué?
- La lima no dijo.
- No. Que soy de Miraflores. Lima. Perú. Lima la capital. La capital del Perú a esa me refiero.
- A ña…!
- ¿Me entienden que Lima es?
- ! A ña…! – repitieron en coro los brujos y mirándose los unos a los
otros coincidieron en un mismo pensamiento: “Este pelacaras nos está hueveando” pero no lo dijeron en cambio Don… pregunto:
- Entonz si usted no es un pelacaras ¿qué es?
- Bueno, varias cosas ¿no? Pero la última chamba en Lima fue de profesor de…
- Entonz usted es profe pué. Hubiese comenzado puaí.
- ¿Mucho a de saber no?
- ¿Ha leído usted algún libro? ¿Cómo son?
- ¿No tendrá uno de Corín Tellado? – pregunto Doña Hilaria.
- Bueno entonz queda zanjado: usted es el profe.
- Profe.
- Profe. Saludaron cada uno de los brujos. Y cuando el último profe fue proferido el profe fue el profe pa siempre. Después de una breve plática salieron en coro los brujos a anunciar a la aldea de que el pelacaras no era pelacaras sino un profe. Toda la gente respiro aliviada y entraron a verlo, tocarlo, bromear con él y sobre todo a que les enseñe alguito. La última vez que había llegado un profe por ahí no había podido sobrevivir más de una semana, el Maligno se lo comió con zapatos y todo.

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