Juguemos
"Juguemos en el bosque mientras que el lobo no está"
Santiago estaba en un rincón, viendo cómo los niños corrían, reían, saltaban y disfrutaban del juego.
"Juguemos en el bosque mientras que el lobo no está. ¿el lobo está?"
Una niña, al verlo, se acercó a él y le dijo:
- ¡Vamos a jugar!
Antes de que Santiago respondiera, apareció otro niño y le dijo a la niña:
- El no quiere jugar con nosotros. Ya le dijmos y se negó.
Cuando se fueron, Santiago siguió ahí, sentado, viendo a los niños jugar y sin derramar ninguna lágrima. Pronto le vendrían a buscar, regresaría a su casa y jugaría con sus juguetes.
"Juguemos en el bosque mientras que el lobo no esta. ¡El lobo está! ¡¡¡Aaaah!!!"
La niña, que le había invitado a jugar, tropezó y cayó al suelo, lastimándose la rodilla. Santiago, entonces, se acercó a ella y la ayudó a levantarse. Juntos, caminaron hasta el banco y se sentaron.
- ¿Por qué no quieres jugar?- le preguntó la niña
Santiago la miró, sorprendido. Era la primera vez que alguien quería saber el motivo por el cual no se integraba al grupo. Sin embargo, se sintió feliz y le respondió:
- Soy débil y siempre me enfermo. Mi mamá no quiere que corra tanto.
La niña se quedó reflexionando las palabras de Santiago. Luego, con una gran sonrisa: dijo:
- si no puedes correr... ¡Podemos jugar a las cartas!
Santiago también sonrió. Por fín tenía una amiga con quien jugar sin necesidad de correr ni saltar.
Santiago estaba en un rincón, viendo cómo los niños corrían, reían, saltaban y disfrutaban del juego.
"Juguemos en el bosque mientras que el lobo no está. ¿el lobo está?"
Una niña, al verlo, se acercó a él y le dijo:
- ¡Vamos a jugar!
Antes de que Santiago respondiera, apareció otro niño y le dijo a la niña:
- El no quiere jugar con nosotros. Ya le dijmos y se negó.
Cuando se fueron, Santiago siguió ahí, sentado, viendo a los niños jugar y sin derramar ninguna lágrima. Pronto le vendrían a buscar, regresaría a su casa y jugaría con sus juguetes.
"Juguemos en el bosque mientras que el lobo no esta. ¡El lobo está! ¡¡¡Aaaah!!!"
La niña, que le había invitado a jugar, tropezó y cayó al suelo, lastimándose la rodilla. Santiago, entonces, se acercó a ella y la ayudó a levantarse. Juntos, caminaron hasta el banco y se sentaron.
- ¿Por qué no quieres jugar?- le preguntó la niña
Santiago la miró, sorprendido. Era la primera vez que alguien quería saber el motivo por el cual no se integraba al grupo. Sin embargo, se sintió feliz y le respondió:
- Soy débil y siempre me enfermo. Mi mamá no quiere que corra tanto.
La niña se quedó reflexionando las palabras de Santiago. Luego, con una gran sonrisa: dijo:
- si no puedes correr... ¡Podemos jugar a las cartas!
Santiago también sonrió. Por fín tenía una amiga con quien jugar sin necesidad de correr ni saltar.
1 comentario
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Pura ternura :)