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Curación Definitiva

El último tiempo se había vuelto un obsesivo por la psicología, el drama y la literatura –aunque nunca llegó a ser su fuerte-. Aunque no sabía el motivo, a menudo se daba cuenta de esto y lograba relajarse. Habían aumentado considerablemente sus deseos de fumar, paso de diez a veinte cigarrillos por día, la mayoría de ellos los fumaba por la noche. También abandonó su dieta, por la cual había logrado reducir cinco kilogramos en tan solo un mes y medio, aunque no era una persona gorda, no se sentía cómodo con su cuerpo. Muchos cambios para una sola persona en el corto lapso de un mes, y sobre todo si se tiene en cuenta que estos cambios se habían dado de forma abrupta.
Siempre había creído en el amor, a lo largo de sus pocos años vividos depositó muchas ilusiones, muchos sueños.
Creyó que se casaría con su primera novia, pero luego de tres años rompieron, rompieron todo en lo que habían apostado, todo lo que habían construido. Al principio sentía que alguien se lo había robado, esta teoría le duró poco, pronto entendió que estas cosas suceden a menudo.
Un año, aproximadamente, más tarde, conoció a otra chica. Con ella la relación fue distinta. Esta novia tuvo la fortuna de encontrarlo más maduro que su anterior compañera. Esa vez, las ilusiones y los sueños depositados fueron mayores, la apuesta había sido redoblada. Todo marchaba mejor que en su primera experiencia, pero como bien dije, marchaba. Al cabo de ocho meses la relación se terminó.
Ya en el último año, y a raíz de sus dos experiencias, comenzó a descreer del amor. Se refugió en lo más profundo de sí mismo. Cada vez que aparecía alguien en su vida rechazaba cualquier posibilidad sin siquiera intentar que algo bueno ocurriera. Poco a poco se fue convenciendo de que esto era lo que mejor le hacía, refugiarse en su inseguridad, su miedo y ¿Por qué no? En su amor por el mismo. Estas técnicas de auto protección le dieron resultados hasta que se topó con ella, y cuando alguien se topa con él o ella todo cambia. Lo que antes no había sido amor ahora lo es, lo que antes era mentira ahora es verdad; y lo que antes era tristeza ahora es felicidad. Lamentablemente él no lo pudo vivir así, el haberla encontrado –o al menos creer haberla encontrado- lo paralizó, lo hizo de piedra ante los demás, ante ella.
Las técnicas no le funcionaron, y él, como buena piedra, ni siquiera consideró la posibilidad de darse una nueva oportunidad, por lo menos de demostrar su amor. En vez de eso prefirió ratificar su teoría, y buscando y buscando encontró lo que tanto deseaba encontrar. Un informe de Francisco Muñoz de la Peña Castrillo sobre la química del amor, la ciencia le dio la derecha. Muy atentamente leyó:
“No hay duda: el amor es una enfermedad. Tiene su propio rosario de pensamientos obsesivos y su propio ámbito de acción. Si en la cirrosis es el hígado, los padecimientos y goces del amor se esconden, irónicamente, en esa ingente telaraña de nudos y filamentos que llamamos sistema nervioso autónomo. En ese sistema, todo es impulso y oleaje químico. Aquí se asientan el miedo, el orgullo, los celos, el ardor y, por supuesto, el enamoramiento.”
Al terminar la lectura, tuvo una ambigüedad de sentimientos, por un lado todo lo que él pensaba acerca del amor por fin se confirmaba. Y nada menos que por un hombre de ciencia. Pero por otro lado, se dio cuenta de que estaba enfermo, pues se reconoció enamorado.
De repente, un recuerdo vino a su mente. La operación de su madre, a la cual hacia cuatro años le habían extirpado el bazo, debido a una leucemia que amenazaba con quitarle la vida. Luego de unos segundos miró su celular y pensó en llamar a su nuevo amor, le confesaría todo. Mientras la buscaba en el directorio de su teléfono, sintió alegría por cómo su madre se había recuperado luego de la operación tan complicada a la cual se sometió. En cuestión de un instante supo que debía seguir el mismo camino, al encontrarse enfermo, debía extirpar su órgano que no funcionaba, o lo hacía mal. La ciencia, que había sido su principal enemiga durante toda su vida debido a su Fe en Dios, pasaba, ahora, a ser su principal aliada. Había ejercido influencias sobre el joven.
Lenta y atentamente, releyó:
“No hay duda: el amor es una enfermedad. Tiene su propio rosario de pensamientos obsesivos y su propio ámbito de acción. Si en la cirrosis es el hígado, los padecimientos y goces del amor se esconden, irónicamente, en esa ingente telaraña de nudos y filamentos que llamamos sistema nervioso autónomo.”
Sistema nervioso autónomo, repitió en voz alta.
Luego de media hora su hermano –quien tenía llaves propias- entró al apartamento. Se dirigió a la cocina y se encontró con lo peor. El cuerpo de su querido Matías tirado en el suave parquet, manchado de sangre. Al lado, un revolver calibre 40. Entre llantos y confusión, miró nuevamente el cuerpo, había una nota en la que se podía leer:
“El sistema nervioso autónomo no volverá a molestarme. Estoy curado.”
Pabloberru15 de diciembre de 2010

1 Comentarios

  • Lau928

    Ingenio.
    Asi te defino yo.
    Eso no podía esconderse mucho tiempo.
    Encantada de volver a leerte, ya lo sabes.
    Lau.

    15/12/10 10:12

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