Juicio Final
En el ocaso de un mundo cansado,
se alza un eco de voces perdidas,
el juicio final, un destino sellado,
donde se pesan las almas y las vidas.
Los hombres, en su danza de ambición,
construyen castillos de arena y de humo,
olvidando que en cada decisión
se forja el acero del destino en su rumbo.
La estupidez, reina en su trono dorado,
mientras el tiempo, inclemente, avanza,
con ojos vendados, el ser desalmado
se aferra a sus sueños de falsa confianza.
Gritan en vano, buscando redención,
pero el eco responde con risas de hielo;
las llamas del juicio devoran la ilusión
y la verdad resplandece en su duelo.
Las balanzas oscilan, justicia y locura,
se pesan las risas, los llantos, el llanto,
y el hombre, desnudo ante su propia locura,
descubre que el amor es su único manto.
Así, en el fin, la lección es clara:
no hay oro ni gloria que salve la esencia,
solo el amor que a la vida repara,
en un juicio donde brilla la coherencia.
Que el juicio final no sea solo un destino,
sino un viaje hacia el alma sincera,
pues en la penumbra del camino divino,
la estupidez se disuelve, y el amor, se acelera.
se alza un eco de voces perdidas,
el juicio final, un destino sellado,
donde se pesan las almas y las vidas.
Los hombres, en su danza de ambición,
construyen castillos de arena y de humo,
olvidando que en cada decisión
se forja el acero del destino en su rumbo.
La estupidez, reina en su trono dorado,
mientras el tiempo, inclemente, avanza,
con ojos vendados, el ser desalmado
se aferra a sus sueños de falsa confianza.
Gritan en vano, buscando redención,
pero el eco responde con risas de hielo;
las llamas del juicio devoran la ilusión
y la verdad resplandece en su duelo.
Las balanzas oscilan, justicia y locura,
se pesan las risas, los llantos, el llanto,
y el hombre, desnudo ante su propia locura,
descubre que el amor es su único manto.
Así, en el fin, la lección es clara:
no hay oro ni gloria que salve la esencia,
solo el amor que a la vida repara,
en un juicio donde brilla la coherencia.
Que el juicio final no sea solo un destino,
sino un viaje hacia el alma sincera,
pues en la penumbra del camino divino,
la estupidez se disuelve, y el amor, se acelera.
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