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Entrevista Ficticia a John Singer Sargent

J. Wilson, 3 julio 1921
Londres.
Teniendo en cuenta los años transcurridos desde que J.Singer Sargent se estableció en Londres, en noviembre hará veintiún años de ello, y en todo este tiempo no ha concedido ninguna entrevista, me sorprendió que el director de mi periódico me comunicara, hace tres días, que me recibiría y sin solicitar previamente una relación de las preguntas que le haría, como es costumbre lo hagan las personas destacadas en cualquiera de los ámbitos de la vida. La cita con el pintor es en su domicilio londinense. El anfitrión me abrió la puerta. Y tras presentarnos me condujo al despacho principal de la casa en la que lleva residiendo los últimos catorce años. El escenario resulta ideal para hablar. Con aspecto jovial, encadenando un cigarrillo tras otro, uno de los más grandes pintores vivos de nuestro tiempo habló, sobre todo, de pintura, aunque no rechazó preguntas de aquellos aspectos de su vida más desagradables.

(J.Wilson)La expectación que usted levanta tal vez solo sea comparable a la que tuvo su amigo y compatriota, y como usted residente en Londres hasta su muerte, Henry James. ¿Cómo la aguanta?

(J.Singer)No creo que llegue a tener la importancia de mi amigo Henry, pero respondiendo a su pregunta le diré que uno se acostumbra a todo. No sé por qué la gente se interesa tanto por mí. La única explicación que puedo encontrar es que, al ser tan imprevisible, transmito una sensación de libertad, muy rara en el mundo actual, y eso me convierte en alguien interesante.

(J. Wilson)¿Qué le parecen las etiquetas artísticas, por ejemplo, la de realista en la que le encuadran muchos de los críticos de su obra?

(J.Singer)Son palabras. Yo creo que las etiquetas, son como las palabras, si te fijas no sabes si son las palabras justas. No importa tanto la palabra, por ejemplo en el impresionismo no sé hasta qué punto toda esa gente son impresionistas. Yo no me planteo mucho eso.

(J. Wilson)Usted ha trabajado en solitario durante décadas en un mundillo artístico dominado por las escuelas, y su pintura sigue triunfando. ¿Al final siempre le consideran un pintor realista?
(J.Singer)Como le dije antes, quizá sea una etiqueta equivocada, pero como no la llevo pegada en la frente, ¿qué importa? Uno no puede salir permanentemente a discutir eso.

(J. Wilson)¿Cuáles son los colores que más le gustan?
(J.Singer)Hay pintores que pueden elegir los colores con los que pintan, pero los que pintamos sobre la realidad ya tenemos un punto de partida, esto son los colores con los que esa realidad aparece ante nosotros: si hay grises pues trabajamos con grises y si hay rojos pues rojos, o con blancos. Cuando tú ves a Velázquez puedes decir que es muy parco en los colores, pero él obedece el mandato de la realidad: tiene ese punto de partida.

(J. Wilson)En 1888, J.Dolent escribió de usted lo siguiente: «El profesor de John Sargent es Carolus-Duran. Su maestro, Velázquez». ¿Velázquez sigue siendo una de sus referencias artísticas?
(J.Singer)Yo pienso que las referencias son muchísimas. El conocimiento directo de la pintura de Velázquez tendría consecuencias inmediatas y duraderas para mi pintura. Pero claro, de Velázquez, ¿qué vas a decir?

(J. Wilson)¿Por qué en la ejecución de sus cuadros se dilata tanto?
(J.Singer)Pues no lo sé, pero en todo caso no es voluntario.

(J. Wilson)Han pasado muchos años desde su salida de Francia. Me gustaría que contara a los lectores qué fue realmente lo que sucedió en aquella primavera parisina de 1884, cuando presentó el Salón de Paris su obra “Madame X”, el retrato de Madame Gautreau.
(J.Singer)Creo que cometí el “pecado” de retratar a la joven en una pose altiva y excesivamente sensual para la mojigata moral burguesa de la Tercera República francesa pues, a veces, insinuar es más pecaminoso que enseñar. Confieso que me sorprendió la reacción y tal vez no estaba preparado para ello. Por una parte, el chovinismo de los franceses consideró una insolencia que dos extranjeros pretendiesen adueñarse de su principal exposición de Arte. Y por otra, no podía permitir que quedase plasmada para la posterioridad la sexualidad femenina de manera tan dominante y altiva. Con todo ello, creo que es mi mejor obra. Sólo con el tiempo se empieza a ver su valor.

(J. Wilson)¿Cómo era Madame Gautreau?
(J.Singer)Yo pienso que nadie la llegó a conocer. En el tiempo que duró mi retrato, yo sentía que no era la misma persona que conocí cuando posó por primera vez y, aunque es verdad que no atinaba a definir en qué consistía la diferencia, estaba seguro de que algún tipo de transformación se había operado en ella. No eran pequeños detalles donde percibía ese cambio, cuestiones de matiz, sino que era en la densidad del conjunto, no en sus partes, donde creía percibirlos. Después de todo, estamos siempre en perpetuo cambio, adoptamos nuevos rasgos y nuevas costumbres igual que crecemos y envejecemos.
Sandor01 de octubre de 2015

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