Fernando ( Segunda Parte)
Fernando tiene las manos duras como una trozo de madera. Trabajaba en su taller, con paredes algo sucias, además, con calendarios de señoritas con poquísimo atuendo.
Allí, apretaba a mano, según aquel pasado, apretaba, los tornillos que sujetan neumáticos de camión, de furgón, de vehículos grandes.
Cada día, con la llave en forma de cruz, para aflojar las apretaduras de las ruedas las pesadas llantas; un hombre con fuerza, fuerza para según qué cosas, y pegaba a sus hijos y a la perra, pero…
Fernando un día se enfadó mucho, blasfemias inclusive; con su hijo mayor porqué el mediano llegó media hora tarde.
Y el mayor se enfadó con su hermano mediano por hacer que Fernando se enfadara.
Son trampas en trampas. Son las temibles triangulaciones para perjudicar si lo perjudicaban; en esas situaciones se aprende a ser transmisor o transportistas del perjuicio. Esto les podía impedir reciclar dentro para evitar pasar la carga a cualquiera. Eso enseñaba Fernando.
Como la cómoda fórmula de... “si tengo un problema con la dirección, hay que procurar que lo pague la clientela o el usuario”, Fernando bebía de tal patrón, no le iba mal dejarse llevar por tales estrategias, pero…
A Fernando sus tres hijos siempre le tuvieron miedo. Era normal. Estudiar con tranquilidad era difícil. No se acaricia a la perra con tranquilidad, pero…
Y Angelines ¿qué? ¡Vaya compromiso para esta madre!
Angelines hacía lo que consideraba que debía hacer, aun con dudas, con culpabilidad, hacer algo así como mediar. Y triangular con prudencia, para evitar daños colaterales a ser posible.
Ello se le podía volver en contra, pues, protegía a Fernando de los tres niños, y a los niños los protegía de Fernando.
Ella en medio, con la peligrosidad al acecho.
De fondo, un caldo de cultivo que pervive. Fernando no estaba exento del caldo, una especie de hegemonía, con cualquier otro nombre.
Nunca se supo si Angelines triangulaba para su comodidad personal o no. Esto la llevaba a un problema más grave, pues tales estrategias ocultaban algo como el resentimiento que desgastaba en silencio, con fuerza.
Se quemaban las relaciones familiares.
Peor si tal proceso se reprimía o si se ahogaba con destilados o de otro modo similar. O acudiendo a locales sociales para…
Angelines reprimía el sufrimiento, parecido a un duelo pero bien peinado, discreto, que guardaba para sí.
Y había de hacerlo así, porque si lo contaba a alguien podía volverse en su contra; era un riesgo.
Un día de primavera, en la segunda residencia de la familia, Fernando salió apoyado en Angelines. Parecía un pugilista lesionado, el hombre de las manos duras se quejaba.
Su cara…, avinagrada.
Los niños contemplaban la escena. Pensaban “¿Qué raro?” Quizá algún día entiendan que papá es mortal , que aquello que sufría eran piedras en los riñones, dijo el médico.
Esas dolencias también afectan a padres que pegan a sus hijos y azotan al perro de la familia.
Qué clase de caldo de cultivo es ése, qué predisposición, qué lecciones, qué patrimonio cultural, qué maneras.
Llegó la jubilación, dejó de trabajar, dejó las apretaduras… Los puñetazos en la mesa redujeron su intimidación.
Sus tres hijos, idos ya fuera del hogar, sentían por él una especie de respeto tipo jefatura.
Tipo “cuidado, que viene el director”, y poca cosa más.
También había un hartazgo hacia Fernando.
Angelines intervenía para intentar mediar. Se apresuraba a limpiar lo que hubiese ensuciado la perra antes de que Fernando llegase. Qué absurdo adoptar o criar a una perra para no soportarla.
Allí, apretaba a mano, según aquel pasado, apretaba, los tornillos que sujetan neumáticos de camión, de furgón, de vehículos grandes.
Cada día, con la llave en forma de cruz, para aflojar las apretaduras de las ruedas las pesadas llantas; un hombre con fuerza, fuerza para según qué cosas, y pegaba a sus hijos y a la perra, pero…
Fernando un día se enfadó mucho, blasfemias inclusive; con su hijo mayor porqué el mediano llegó media hora tarde.
Y el mayor se enfadó con su hermano mediano por hacer que Fernando se enfadara.
Son trampas en trampas. Son las temibles triangulaciones para perjudicar si lo perjudicaban; en esas situaciones se aprende a ser transmisor o transportistas del perjuicio. Esto les podía impedir reciclar dentro para evitar pasar la carga a cualquiera. Eso enseñaba Fernando.
Como la cómoda fórmula de... “si tengo un problema con la dirección, hay que procurar que lo pague la clientela o el usuario”, Fernando bebía de tal patrón, no le iba mal dejarse llevar por tales estrategias, pero…
A Fernando sus tres hijos siempre le tuvieron miedo. Era normal. Estudiar con tranquilidad era difícil. No se acaricia a la perra con tranquilidad, pero…
Y Angelines ¿qué? ¡Vaya compromiso para esta madre!
Angelines hacía lo que consideraba que debía hacer, aun con dudas, con culpabilidad, hacer algo así como mediar. Y triangular con prudencia, para evitar daños colaterales a ser posible.
Ello se le podía volver en contra, pues, protegía a Fernando de los tres niños, y a los niños los protegía de Fernando.
Ella en medio, con la peligrosidad al acecho.
De fondo, un caldo de cultivo que pervive. Fernando no estaba exento del caldo, una especie de hegemonía, con cualquier otro nombre.
Nunca se supo si Angelines triangulaba para su comodidad personal o no. Esto la llevaba a un problema más grave, pues tales estrategias ocultaban algo como el resentimiento que desgastaba en silencio, con fuerza.
Se quemaban las relaciones familiares.
Peor si tal proceso se reprimía o si se ahogaba con destilados o de otro modo similar. O acudiendo a locales sociales para…
Angelines reprimía el sufrimiento, parecido a un duelo pero bien peinado, discreto, que guardaba para sí.
Y había de hacerlo así, porque si lo contaba a alguien podía volverse en su contra; era un riesgo.
Un día de primavera, en la segunda residencia de la familia, Fernando salió apoyado en Angelines. Parecía un pugilista lesionado, el hombre de las manos duras se quejaba.
Su cara…, avinagrada.
Los niños contemplaban la escena. Pensaban “¿Qué raro?” Quizá algún día entiendan que papá es mortal , que aquello que sufría eran piedras en los riñones, dijo el médico.
Esas dolencias también afectan a padres que pegan a sus hijos y azotan al perro de la familia.
Qué clase de caldo de cultivo es ése, qué predisposición, qué lecciones, qué patrimonio cultural, qué maneras.
Llegó la jubilación, dejó de trabajar, dejó las apretaduras… Los puñetazos en la mesa redujeron su intimidación.
Sus tres hijos, idos ya fuera del hogar, sentían por él una especie de respeto tipo jefatura.
Tipo “cuidado, que viene el director”, y poca cosa más.
También había un hartazgo hacia Fernando.
Angelines intervenía para intentar mediar. Se apresuraba a limpiar lo que hubiese ensuciado la perra antes de que Fernando llegase. Qué absurdo adoptar o criar a una perra para no soportarla.
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