Nada de Nada
Hay ocasiones en las que sostenemos un lápiz ante papel en blanco, otras, en lugar de lápiz es una tecla esperando texto.
Hay un silencio, a veces forzado, otras voluntario, silencio que no permite llenar ese hueco en blanco; es un nada para contar, y no pasa nada, o no debería suceder nada.
Del mismo modo que la pausa para pasar página, una pausa breve, larga, mediana, necesaria para pasar página y proseguir por la línea recta esa que es metafórica, que debería representar el vivir diario, y la línea recta literal sobre el papel.
Una línea recta original genuina con sus imperfecciones, y también responsable, y sin lastimar a nadie... ¿Difícil? ¡Eh!
¡Qué fácil resulta escribir los más o menos disfrazados discursos de odio!, por poner un ejemplo.
El escribir exige o debería exigir desarrollar otros aspectos del ser.
Escribes unas líneas, giras la cabeza, miras por la ventana a las altas temperaturas invisibles, ves el insecto que topa con el cristal y regresa al cielo caliente clima que nos aguanta y soporta con nuestras manías humanas que muchos seres humanos renunciaron a desactivar. Actitudes a veces devastadoras con factura y fractura aun a largo plazo mientras el gran riachuelo río se seca.
Y ahí estamos ante ese vacío ocasional más o menos transitorio que plantea la escritura recto pensante, aunque no haya nada, en apariencia, para contar...; tal vez sea una especie de reiniciarse.
Tal vez sea una trampa que nos hagamos para que cuando alguien se atreva a preguntarnos si jugamos sucio podamos decir “no, no, para nada, qué va....”
Hay un silencio, a veces forzado, otras voluntario, silencio que no permite llenar ese hueco en blanco; es un nada para contar, y no pasa nada, o no debería suceder nada.
Del mismo modo que la pausa para pasar página, una pausa breve, larga, mediana, necesaria para pasar página y proseguir por la línea recta esa que es metafórica, que debería representar el vivir diario, y la línea recta literal sobre el papel.
Una línea recta original genuina con sus imperfecciones, y también responsable, y sin lastimar a nadie... ¿Difícil? ¡Eh!
¡Qué fácil resulta escribir los más o menos disfrazados discursos de odio!, por poner un ejemplo.
El escribir exige o debería exigir desarrollar otros aspectos del ser.
Escribes unas líneas, giras la cabeza, miras por la ventana a las altas temperaturas invisibles, ves el insecto que topa con el cristal y regresa al cielo caliente clima que nos aguanta y soporta con nuestras manías humanas que muchos seres humanos renunciaron a desactivar. Actitudes a veces devastadoras con factura y fractura aun a largo plazo mientras el gran riachuelo río se seca.
Y ahí estamos ante ese vacío ocasional más o menos transitorio que plantea la escritura recto pensante, aunque no haya nada, en apariencia, para contar...; tal vez sea una especie de reiniciarse.
Tal vez sea una trampa que nos hagamos para que cuando alguien se atreva a preguntarnos si jugamos sucio podamos decir “no, no, para nada, qué va....”
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