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Un Día Normal

Aquella mañana reflexionaba sobre el escribir en primera persona o no hacerlo…, asunto delicado en demasía…, como no sacaba nada en claro me levanté que salí de la cama, era temprano; ¡la vecina aún no había conectado el temible equipo de música…! Fastidioso aparato que a la música la convierte en una… como para tomar aspirina. Pobre música.

Me acerqué al ventanal, el cielo estaba despejado, ya salia la primera luz dorada por donde siempre, en esa dirección sobre los edificios aquellos.
La cafetera ya estaba preparada para ser vaciada en la taza, en un instante aparecerá una cuchara con azúcar moreno o miel.
Volví al ventanal y expresamente busqué con la mirada el edificio donde vive el amanuense, y advertí la señal. La señal que indica que ya puedo ir a su domicilio. Puede parecer extraño semejante código, quizá algún día debamos deliberar qué hay detrás del asunto; o no hacerlo, y dejarlo tal cual está, ya se verá.

Salí de casa, del piso… El ascensor funcionaba. Accioné el botón y la caja descendió hasta el vestíbulo, se abrió la puerta y salí. Ante los buzones había un individuo mirando nombres y apellidos, me pareció extraño, me extrañaba la manera de mirar y el indumento del intruso que para pasar inadvertido llamaba la atención.

Me detuve, no salí, allí junto a la puerta quedé; quise que se notara que lo observaba, que lo esperaba a que marchase.
Se oía el agua matutina, quizá de asearse, sonaba por las cañerías descender de algún piso bajaba.

En la calle… la escoliosis del repartidor de la bombona del gas, pues el señor Cleofás del tercero segunda gasta estufa la utiliza.
El intruso parecía incomodarse al no verse solo…., por fin salió del edificio; pero no importa cualquier día volverá a suceder…, y es que es tan fácil acceder a los edificios de las ciudades, sólo hay que mentir, llamar al portero electrónico e inventarse cualquier pretexto y ya está, ¡adentro! ¡Con engaños, astucias, triquiñuelas, picaresca!

Caminé en dirección este, donde lugar vivienda tiene el amanuense, un ático; en verano... un calor elevado que en la parte alta de los edificios se acumula, hora tras hora; el sol que incide...

Por la señal antes referida ya sabía que debía recoger algún relato de esos que publica en la red, repasarlo para que queden menos fallos o errores. El amanuense piensa que soy un experto un entendido, pero se equivoca, no lo soy.

Faltaban dos intersecciones para llegar a su casa. Pasé por la librería de Don Pedro Manuel, que vende libros de segunda mano. Estaba el librero, en la puerta mirando el paisaje urbano de un barrio menos bullicioso que otros.
“Buenos días”, me paré y le dije.
“Buenos, buenos”, me respondió.

Normalmente nuestras conversaciones eran, son interesantes, poco o nada frívolas o estériles, pero pláticas breves…

De pronto, vimos en el carril para bicicletas a una joven no tan mayor. Su rostro…. su cara…
Y dije “Don Pedro, esa mujer… qué gran parecido a una de las ministras”.
“Pues sí…., ciertamente, casi diría que es ella”, me dijo.

Y la mujer se alejó, con la indumentaria propia de quienes van subidos en bicicleta con intenciones más... lúdicas o deportivas, que de ir a las oficinas bancarias a pagar recibos.

Y reanudé la marcha, en busca de un nuevo texto para repasar, para darle un repaso a ver con qué me encuentro.
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