La Suerte Nunca Se Olvida.
cogidas a tu desnudez.
Tus heridas son egoístas;
si tienen que hacer sangrar las mías
para no sentirse solas,
hunden el cigarro en ellas
y las invitan a los vicios.
Como si la salud solo fuese un producto
con el que comercializar y hacer negocio.
Pero no del tipo de negocio que tú y yo sabemos;
no de esos de: si te quitas la primera prenda
te digo la primera verdad.
Que te quiero aunque no sepa querer como se debe.
Aunque no te pida nunca que te quedes después del polvo.
Aunque todo polvo se esfume
por muy sólidos que pareciesen los cimientos
antes de que todas las promesas se volviesen ceniza
y nuestras bocas empezasen a soplar.
Pero todo lo que vuela,
termina por caer,
y a nosotros,
la lluvia de ceniza siempre nos coge
con los ojos de par en par
y nos hace llorar.
Me saco tus cigarros del costado
y nos los fumamos a medias,
mientras me miras las clavículas
y me susurras lo bien que quedaría un recuerdo
cosido a ellas.
Y me las besas.
Ahora mis hombros hablan de ti,
y vale que ya no es tu lengua,
y vale que es otra saliva,
pero las historias siempre son las mismas
y todos los viernes llueve ceniza.
Procuro tener los párpados bajados,
y soñarte.
A placer de saber que existes
aunque sea entre otras piernas.
Que suerte haberte visto llorar por mi existencia.
Que siempre te ha dolido más que mi ausencia,
y explícale tú eso a alguien que no nos haya conocido.
Decías que mientras estaba,
te pesaban los días porque podían esfumarse.
Y cuando me iba,
me pensabas con la calma que pone uno
en recordar cuantas cucharadas de azúcar
llevaba el postre de tu abuela.
Y no tenías insomnio.
En cambio, cuando estaba nunca podías dormir,
te asustaba despertar
y que me hubiese ido con uno de corbata.
¿No irías a por mi?
Y tú respuesta siempre era la misma:
no te buscaría porque acabaría encontrándote
y volvería a tener miedo de perderte.
Me decías que yo era una suerte.
Buena o mala.
Pero suerte.
Y que la suerte no se olvida.
Que la suerte está echada
y que yo, sobre tú cama,
tenía más pinta de buena que de mala.
Pero que vete tú a saber si mi ombligo
te dejaba pensar con claridad.
Que de una escritora nunca hay que fiarse,
pero si además escribe sobre ti,
entonces puedes equivocarte, fastidiarla,
meter la pata o la boca en otro escote,
porque ella cogerá todo tu desastre
y lo terminará convirtiendo en poesía.
¿Ves?
Al final tienes tú la culpa de mis deslices.
No los cuentes bonitos.
Escribe por ahí que soy un cerdo,
y cuenta lo de Lucía y lo de Marta.
Escribe que me olvidé de tu cumpleaños
y que el catorce de Febrero
me presenté en tu casa borracho.
Mucho más borracho que tu nuevo y perfecto novio.
Pon también que acabaste la noche con él,
pero la vida la acabas conmigo.
Ponlo.
Que pueda odiarte un poco
y se me hagan más fáciles mis malas decisiones.
Que siempre llevan tu pelo.
Te asomabas a mi boca suicida
y me prometías que un día,
cuando ya no supieses volver a mi,
ibas a matarme a golpe de recuerdo,
y que después morirías conmigo plácidamente,
como alguien que lo ha logrado todo en la vida.
Porque la suerte, decías, la suerte nunca se olvida.
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10 comentarios
Tu poema es como una novela, madre mía que buena eres.
Me descubro ante ti, ante tu léxico, ante tu historia y ante tu manera de escribir, me dejas siempre deslumbrado, leyéndote un hombre puede casi llegara entender que significa ser mujer.
Te mando un beso.
Pol.
Impresionante la manera en que hilas sensaciones, impresiones, emociones en tu historia.
Me ha cautivado.
Un gran abrazo
Sin duda alguna, eres como mi diosa en esta página.
Logro introducirme en cada una de tus historias, y vivirla.
Tienes magia querida amiga.
Desde ya esperando tu siguiente publicación..
Luz,
Pues yo, querida Amparo, me alegro de tu éxito en esta página. Sabía que no pasarías inadvertida y que acumularías seguidores fieles.
Ya había leído tu derroche de versos, pero, como siempre, me sorprende tu capacidad para hacer un largo hilo con lo que cuentas y que no decaiga en ningún momento la historia. Sobresales y me encanta.
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De nuevo un poema de aquellos que " te dicen"; claro que has evolucionado, y leyéndote otros observo más poesía del corazón y se pega a quien la lee. Proyectas hacia afuera tu espíritu , es una flecha que atraviesa el aire sin tomar nada de él y recogemos(o recojo) la realidad de las figuras que creas con palabras y esa marea poética nos dejan también cicatrices en el corazón aunque no sean nuestras.
Enhorabuena.
Carlos.