La Real Orden de Las Perdularias 13
Alexander me decía que eso eran recuerdos de un pasado o quizá premoniciones futuras, pero le rebatí estas ideas con sólidos argumentos: no había niños en mi futuro, ya no estaba en edad de ponerme a parir, sino más bien de que mis hijos me hiciesen abuela; y en cuanto al pasado, ¿cómo podía ser si nos acabábamos de conocer? Pero él me llevaba la contraria, convenciéndome por un momento de que dos personas con tanto en común como nosotros provenían no de una, sino de muchas vidas anteriores juntos. Aunque no me atrevería a confesarlo a nadie, empecé a tomarme en serio la idea, tal era el grado de afinidad que teníamos los dos.
No pude evitar hablarle a Alexander de mis hermanas perdularias. No habíamos vuelto a vernos desde aquel encuentro fortuito en el aeropuerto, pero él ya formaba parte de mi rutina diaria. Cuando llegaba a mi despacho a las nueve de la mañana lo primero que hacía era encender el ordenador y tomarme un capuchino. Inmediatamente me saltaba en la pantalla un muñeco absurdo con los bigotes de Dalí y una paleta de pintor que me decía con voz chillona tienes un mensaje. Y yo sabía que no era un mensaje de trabajo, porque había creado una cuenta de correo única y exclusivamente para él y ese avisador era solo para esa cuenta determinada. Así que con el corazón cabalgando como un potro desbocado, abría la carpetita amarilla y solía encontrarme con que me había escrito a horas inverosímiles; a veces tan sólo era una frase cariñosa, o una canción, o un fragmento de algún poema. Daba igual; si me hubiese mandado un versículo del Antiguo Testamento en arameo, igualmente me hubiese sentido flotando.
Alexander era un hombre callado; en nuestras conversaciones telefónicas yo era la que hablaba sin parar y él, con la paciencia de un verdadero santo, aguantaba con estoico valor mis largas peroratas sobre los temas más disparatados. Ni una sola vez que le hablé de las perdularias, incluso de las cosas más extrañas que habíamos hecho o de nuestras conversaciones surrealistas, se permitió una pequeña risa. Cierto es que no le veía la cara al otro lado del teléfono, y quizá fuese de los que se ríe hacia dentro, pero de todas formas, justo es reconocer que sabía escuchar, que es mucho más de lo que suelen hacer la mayoría de los hombres. Tampoco se inmutó cuando le hablé de Anastasia y su estrambótica idea del tuppersex.
-Y al final, ¿Cuándo haréis esa reunión?-me preguntó de manera tan normal como si estuviésemos hablando de ir de compras.
-Dentro de dos días.
-¿Me contarás cómo os ha ido?
-¿Tú qué clase de pervertido eres?-le acusé.
-Creo que de ninguna clase; pero tengo curiosidad por saber la reacción de cada una de tus amigas. Me has hablado tanto de ellas que me parece conocerlas y me apetece saber lo que dicen. Llámalo curiosidad de escritor.
Esto hizo que se me disparasen todas las alarmas y se me encendió una lucecita roja.
-Oye, si descubro que usas lo que te cuento de mis amigas para escribir alguna historia truculenta, te cortaré ciertas partes colgantes de tu anatomía-le amenacé, dejando que saliese mi vena borrica y sanguinaria, sin pensar apenas en lo que decía.
Ahora si que oí una carcajada al otro lado de la línea.
-¿De verdad lo harías? Igual no sería tan buena idea. Al menos deberías esperar un poco y decidir si merece la pena amputar o no Y a todo esto, igual sería interesante que nos viésemos de nuevo.
-¿Por qué me lo dices ahora?
-Tenía pensado decírtelo desde que empezamos la conversación, pero la verdad es que no me has permitido meter mucha baza
13 comentarios
"Un versiculo del antiguo Testamento en arameo"...-Jahaha. Sigue siendo fenomenal!
jajajajaja!!!! Eres buenissimaaa!!! jajaja!!
Si, pero lo menos, en mi mi observacion,son pensamientos en juegos y no aterrizan en el otro extremo,como balas de fuego..,si no como plumitas que te hacen cosquillitas, y por tanto te hacen reir..Me encanta!
Dicen que el primer amor ay Llorona!
es grande y es verdadero.
Pero el último es mejor ay Llorona!
y más grande que el primero.
Estos versos son de una canción popular de mi país y creo, en mi humilde opinión, que tiene mucha razón.
"justo es reconocer que sabía escuchar, que es mucho más de lo que suelen hacer la mayoría de los hombres."
uy! esa pasó cerca!
"curiosidad de escritor."
JAJAJA esa no me la creo ni yo. Pero con tal amenaza cualquiera se cohíbe; sin embargo, como buen representante del genero, me uno a Antonio y Alexander (por cierto ese nombre no lo puedo digerir del todo; no digo que sea malo, pero si imagino un cartel: "Guiomara y Alexander... un amor sin barreras" te soy sincero no me acostumbro; en fin ¿que te decía? ha si lo del genero). Yo voto porque un capítulo de esta orden incluya dicha reunión. jejeje
Saludos amiga!
jajajjaja Sí, fanny y Alexander queda mejor.
No conozco la versión de Chabela Vargas, pero ella ya no las canta; las cuenta. jajajajja
Buenos días!
Bueno ... Los amantes mejor un poco pervertidos, ¿no? jejejeje
Un enorme abrazo admirado.
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jajajaja me uno a esa perversion, a esa curiosidad jajaja
amiga Beth, esto debes publicarlo
Antonio