No Volví a Echarla En Falta
Me había acompañado mucho tiempo, se había hecho un hueco en mi cama, ya comenzaba a quedarse tatuada en mi cuerpo.
Paseaba conmigo, y nada, nada, la hacía salir corriendo. Creo que hasta me cogió cariño, e increíblemente, yo me acostumbré a ella.
Había llegado tan pronto como se fue la otra, con quien compartí seis años, quien dibujó el Edén en la pared del cuarto, quien colgó en los percheros de la entrada las promesas, quien se las llevó a otra parte para no ser la culpable de que acabasen rotas.
Apareció sonriente, con planes de futuro, como nadie hizo antes. Pintaba sus labios de rojo cada mañana para dejarlos sellados con cada beso. Vistió mi ropa, bebió de mi agua, respiró mi aire, y quería quedarse impregnada en cada estancia de mi mente, la muy egoísta. Porque así era ella, egoísta.
Pero una mañana, en la que salí al balcón, pensé en las promesas que alguien se había llevado. Ya no recordaba quién. Había olvidado aquellos temores, y creo que fue ella, la de los labios colorados, que me hizo olvidar, con cada botella de alcohol que me ofreció.
Volví dentro, a nuestro cobijo, y me di cuenta de que le habían salido alas. Sonreía más que antes. Me hacía sonreír también a mí. Había cumplido su misión.
Abrió su mano, que movía como una hoja trémula en un árbol.
Era la Pena, que se despedía. Y no, no volví a echarla en falta.
Este texto fue recomendado por
18 comentarios
Es inevitable que nos visite en ocasiones, la acojo pero por poco tiempo...
Olivia que intenso y maduro tu texto, escribes con una fuerza, me apasiona leerte no se con que me voy a encontrar, y la verdad siempre me sorprendes gratamente.
Un cariñoso abrazo.
Love it
Y que no vuelva!
Me ha encantado, Olivia.
Un beso!
Vale, enserio, este es uno de los textos más bonitos que he tenido la suerte de leer.
"Volví dentro, a nuestro cobijo, y me di cuenta de que le habían salido alas. Sonreía más que antes. Me hacía sonreír también a mí. Había cumplido su misión.
Abrió su mano, que movía como una hoja trémula en un árbol.
Era la Pena, que se despedía. Y no, no volví a echarla en falta. "
Esta parte es la que realmente me aprisiona el alma.
Hermosa despedida.
Me gusto
Felicitaciones sinceras....me sorprendió.
Yo creo que la pena siempre tiene que estar por ahí, aunque solo sea como contrapunto de todas las alegrías.
Pero, cuidado, que no se haga "un hueco en mi cama", que no se quede " tatuada en mi cuerpo", que no dibuje "el Edén en la pared del cuarto", que no cuelgue "en los percheros de la entrada las promesas". Texto plagado de grandes frases, me gusta.
Saludos.
Ecelente. Contemplas un mundo de inmersiones en sentimientos hondos. ¿Las penas son hondas? Posiblemente sí. Para que las alegrías sean más extensas. Me quito el sombrero y te envío un saludo amistoso y leal.
Ingresá para dejar un comentario.
"Era la Pena, que se despedía. Y no, no volví a echarla en falta."
Es una frase muy bonita, ojala se hiciera realidad en estos instantes.
Pol.